Ir al contenido principal

Carta abierta a los cartameños y cartameñas que vivís lejos de vuestro pueblo

CARTA ABIERTA A LOS CARTAMEÑOS Y CARTAMEÑAS QUE VIVÍS LEJOS DE VUESTRO PUEBLO

Queridos cartameños y cartameñas que vivís fuera de Cártama, en algún rincón de España o lejos de nuestras fronteras:

Aunque os separen muchos kilómetros de vuestro pueblo, hay cosas que la distancia no consigue llevarse. Uno puede cambiar de casa, de ciudad e incluso de país; puede aprender otras costumbres, formar una familia lejos de donde nació y pasar muchos años sin regresar. Pero hay recuerdos que permanecen dentro, lugares que siguen teniendo nuestro nombre y personas a las que nunca dejamos de pertenecer.

Por eso queremos escribiros. Porque, aunque estéis lejos, seguís siendo parte de Cártama y Cártama sigue siendo parte de vosotros.

¿Os acordáis del cerro? ¿Del castillo recortándose sobre el cielo, de las calles por las que corristeis de niños, de aquellos juegos que parecían no terminar nunca? ¿Recordáis las conversaciones a la puerta de las casas, las tardes de verano, las voces familiares que os llamaban por vuestro nombre y aquellos pequeños acontecimientos del pueblo que entonces parecían cotidianos y que hoy, con los años, adquieren un valor inmenso?

Quizá alguno de vosotros cierre los ojos y todavía pueda recorrer mentalmente el camino de su infancia. Quizá recordéis la casa donde nacisteis, la escuela a la que acudisteis, los amigos con los que compartisteis tantas cosas o aquella esquina donde os deteníais a conversar. Puede que conservéis fotografías antiguas que, al mirarlas, os devuelven por unos instantes a un tiempo que ya no existe, pero que sigue vivo en vuestra memoria.

Y seguramente, entre esos recuerdos, aparezcan rostros queridos. Vuestros padres, los abuelos, hermanos, familiares y amigos que os acompañaron durante una parte de la vida. Algunos quizá os esperaban con la alegría de quien recibe a alguien que nunca ha dejado de ser suyo. Otros ya no están. Y es posible que, al pensar en ellos, sintáis esa mezcla de ternura y tristeza que dejan las personas que han sido importantes para nosotros. Hay ausencias que se hacen más presentes cuando uno recuerda el lugar donde compartió tantos momentos con quienes amaba.

También ellos forman parte de vuestra Cártama. Sus nombres, sus gestos, sus palabras y todo el bien que hicieron permanecen en vuestra historia. Tal vez ya no podáis sentaros a su mesa ni escuchar su voz, pero podéis seguir queriéndolos, dar gracias por sus vidas y encomendarlos a Dios. La distancia no rompe los vínculos del amor, y la muerte tampoco tiene la última palabra para quienes confiamos en la promesa de la resurrección.

Y en medio de tantos recuerdos está nuestra Señora de los Remedios, la Virgen que contempla Cártama desde su santuario y que forma parte de la memoria y de la devoción de tantas familias cartameñas. Quizá algunos de vosotros subisteis de niños hasta su ermita de la mano de vuestros padres; quizá aprendisteis de ellos una oración, una costumbre o una forma sencilla de confiarle a la Virgen las preocupaciones de la familia. Otros guardaréis el recuerdo de una promesa, de una fiesta vivida con emoción o de una visita al santuario antes de emprender un viaje importante.

Puede que ahora viváis muy lejos y que hayan pasado muchos años desde vuestra última visita. Pero si alguna vez, al pensar en Cártama, os viene también a la memoria la imagen de la Virgen de los Remedios, sabed que esa devoción forma parte de una historia que continúa. María sigue siendo para muchos una madre a la que confiar las alegrías, los miedos, la enfermedad, las dificultades de los hijos y las preocupaciones que no siempre sabemos compartir con los demás.

Por eso queremos deciros algo que nace de nuestra misión como sacerdotes y del cariño con el que deseamos acompañar a esta comunidad: vuestra parroquia y vuestro santuario también son vuestros, aunque viváis lejos.

La parroquia de San Pedro Apóstol no es solamente el templo al que se acude para celebrar la Eucaristía, bautizar a un hijo o despedir a un ser querido. Es también una casa de oración, un lugar donde los nombres de las personas y las historias de las familias pueden seguir encontrando un espacio. Y el santuario de nuestra Señora de los Remedios continúa siendo un lugar al que podéis volver, físicamente cuando os sea posible y espiritualmente cada vez que necesitéis acercaros a Dios.

Si en algún momento queréis que recemos por vosotros, por vuestros hijos o nietos, por una persona enferma, por una preocupación que lleváis en silencio o por el descanso eterno de vuestros familiares difuntos, podéis escribirnos por correo electrónico o por WhatsApp. Enviadnos vuestros nombres, vuestras intenciones o simplemente unas palabras contándonos qué necesitáis poner en manos del Señor. Os tendremos presentes en nuestra oración y encomendaremos también a vuestros difuntos a la misericordia de Dios.

Podéis contactar con nosotros en el correo electrónico antonio.ramos@diocesismalaga.es o escribirnos por WhatsApp. Será una alegría recibiros, saber de vosotros y acompañaros desde la oración, aunque nos separen muchos kilómetros. No hace falta que estéis aquí para pedir una oración. No importa cuánto tiempo haya pasado desde vuestra última visita ni cuáles hayan sido las circunstancias que os llevaron a marcharos. No tenéis que justificar vuestra ausencia ni sentir que habéis perdido vuestro sitio. La vida abre caminos que a veces nos llevan muy lejos, y cada historia tiene sus razones. Lo importante es saber que los vínculos verdaderos pueden mantenerse vivos.

Nos gustaría que esta carta os llegara a través de un familiar, de un amigo o de alguien que conserve el contacto con vosotros. Que al leerla sintáis que Cártama se acuerda también de sus hijos ausentes; de quienes tuvieron que marcharse para buscar trabajo, de quienes formaron una familia en otra tierra, de quienes emigraron a otro país y de quienes, por las circunstancias de la vida, apenas han podido regresar.

Y si alguna vez volvéis, aunque sea por unos días, acercaos a la parroquia, subid al santuario, pasead por las calles que guardan vuestros recuerdos. Quizá encontréis muchas cosas diferentes, porque los pueblos cambian y nosotros también cambiamos con los años. Pero esperamos que encontréis algo que permanece: la posibilidad de reencontraros con vuestras raíces, de recordar a quienes os precedieron y de dar gracias por todo lo vivido.

Queremos terminar con una invitación muy sencilla: no dejéis que la distancia os haga sentir extraños en vuestro propio pueblo. Cártama forma parte de vuestra historia. Aquí quedan recuerdos, familiares, amistades y una comunidad cristiana que quiere acogeros. Aquí está San Pedro Apóstol, aquí está el santuario de nuestra Señora de los Remedios y aquí estamos también nosotros, dispuestos a escucharos y a rezar por vosotros.


Que Dios os acompañe allí donde os encontréis, cuide de vuestras familias y os conceda la paz. Que nuestra Señora de los Remedios os proteja bajo su manto y que, cuando la nostalgia os lleve de vuelta a la tierra donde crecisteis, encontréis en ella motivos para dar gracias y esperanza para seguir caminando.

Recibid nuestro abrazo fraterno y nuestra oración. Aunque estéis lejos, no os olvidamos.

Con afecto y bendición,

P. Luis y P. Antonio

vuestros sacerdotes

Comentarios

Entradas populares de este blog

IV Domingo de Pascua

 “ El que entra por la puerta es pastor de las ovejas ” Primera lectura Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14a. 36-41 El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y declaró: «Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías». Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?» Pedro les contestó: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro». Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo: «Salvaos de esta generación perversa». Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas ...

Domingo de Resurrección

 “ Entró, vio y creyó ” Primera lectura Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43 En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reci...

II Domingo de Cuaresma

Primera Lectura Lectura del libro del Génesis (12,1-4a): En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: «Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.» Abrán marchó, como le había dicho el Señor. Palabra de Dios Te alabamos Señor  Salmo Sal 32,4-5.18-19.20.22 R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R/. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R/. Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esper...