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El amor, la fe y la esperanza

 EL AMOR, LA FE Y LA ESPERANZA 


1 Juan 4:8 Dice: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”

Desde Génesis hasta Apocalipsis, desde la hoja de parra de Adán hasta los muertos que fueron juzgados según sus obras, el hombre en su naturaleza ha pretendido agradar a Dios a través de rituales, oraciones, y obras de caridad, pensando que con eso no solo agradará a Dios, sino que Él tendrá el compromiso de bendecirle.

En el pasaje que se encuentra en el Evangelio según San Mateo, capítulo 22:34 Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una. 35 Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: 36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. 

Vienen a tentar a Jesús los fariseos, los religiosos de la época y los respetuosos de todo el dogma ritualista. Le preguntan acerca del más grande mandamiento, y Jesús, en muy pocas palabras, muestra la esencia de Dios.

En este pasaje Jesús habla de, amar a Dios sobre todas las cosas, amar al prójimo, y amarse uno mismo. El amor es la esencia de Dios, un amor más apasionado que cualquier historia romántica que hayamos conocido, un amor que dio todo sin pedir nada a cambio. Escuché a mi pastor decir una vez, que Jesús manifestó en el calvario, la manera más fuerte de dar amor.

Es un error creer o pensar que el hecho de llevar a cabo un ritual nos pueda acercar a Dios, Jesús dijo también en el Evangelio de Juan capítulo 13:35: “En esto conocerán que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”. Así que, prediquemos a Jesús no con palabras, sino con una vida que da amor al prójimo. Dejemos a un lado los rituales y hablemos con y de Dios usando su mismo idioma, el amor.

Agradecimientos:  S. Acevedo

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