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Sumisión para el servicio

 Lee Filipenses 2:5 al 9. ¿Qué mensaje importante hay para nosotros en estos versículos?

La cultura contemporánea nos incita a todos a exigir y hacer valer nuestros derechos. Y todo esto es bueno y, muchas veces, debería ser así. Pero, como ocurrió con Jesús, la voluntad de Dios quizá requiera que renunciemos a nuestros derechos libremente para servir al Padre de modo que esto tenga un impacto eterno en el Reino de Dios. Ese proceso de renunciar a estos derechos puede ser difícil e incómodo, ya que crea las condiciones de un crisol.

Fíjate cómo actuó Jesús (Fil. 2:5-8). Estos versículos describen tres pasos que Jesús dio para someterse a la voluntad del Padre. Y, al principio, Pablo nos aconseja encarecidamente: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Fil. 2:5).

Para estar en condiciones de salvarnos, Jesús renunció a su igualdad con el Padre y se trasladó a la Tierra en la condición de un ser humano y sus limitaciones (Fil. 2:6, 7).

Jesús no vino como un ser humano extraordinario y glorioso, sino como siervo de otros seres humanos (Fil. 2:7).

Como siervo humano, Jesús no tuvo una vida larga y tranquila, sino que se hizo “obediente hasta la muerte”. Pero, ni siquiera murió de una manera noble y gloriosa. No, él fue “obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz” (Fil. 2:8; énfasis de edición).

¿En qué esferas de la vida este ejemplo de Jesús es un modelo para nosotros? Si los derechos y la igualdad son buenos y deberíamos protegerlos, ¿cómo explicarías la lógica de tener que renunciar a ellos en ocasiones? Ahora lee Filipenses 2:9. ¿En qué sentido este versículo nos ayuda a comprender la lógica de la sumisión a la voluntad del Padre?

Ora para que el Espíritu Santo te dé sabiduría: “¿A qué derechos me aferro en este mismo momento que en realidad podrían ser una barrera para someterme a la voluntad de Jesús y servir a mi familia, mi iglesia y los que me rodean? ¿Hasta qué punto estoy dispuesto a soportar la incomodidad para servir a los demás en forma más eficiente?”

[Pablo nos] exhorta a que tengamos el "sentir que hubo también en Cristo Jesús: el cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios: sin embargo, se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y hallado en la condición como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz". Filipenses 2:5-8..

 [Pablo estaba] convencido de que, con tal que se lograse que los hombres considerasen el asombroso sacrificio realizado por la Majestad del cielo, el egoísmo sería desterrado de sus corazones... Dirige primero el pensamiento a la contemplación del puesto que Cristo ocupaba en el cielo, en el seno de su Padre. Después lo presenta abdicando de su gloria, sometiéndose voluntariamente a las humillantes condiciones de la vida humana, asumiendo las responsabilidades de un siervo, y haciéndose obediente hasta la muerte más ignominiosa, repulsiva y dolorosa: la muerte en la cruz (Ministerio de curación, p. 401).

Se me hizo recordar el caso de los valdenses y lo que habían sufrido por su religión. Estudiaron concienzudamente la Palabra de Dios y vivieron de acuerdo con la luz que resplandecía sobre ellos. Fueron perseguidos y echados de sus hogares; fueron privados de sus posesiones que habían adquirido con mucho esfuerzo, y sus casas fueron quemadas. Huyeron a las montañas, donde sufrieron penalidades increíbles. Soportaron hambre, fatiga, frío y desnudez. La única ropa que muchos de ellos podían conseguir eran pieles de animales. Pero esos cristianos esparcidos y sin hogar se reunían para unir sus voces en himnos y alabanza a Dios por ser considerados dignos de sufrir por el nombre de Cristo. Se animaban y alegraban mutuamente, y estaban agradecidos aun por sus moradas miserables. Muchos de sus hijos enfermaron y murieron de hambre y frío, pero sus padres no pensaron ni por un momento renunciar a su religión. Valoraban el amor y el favor de Dios muy por encima de la tranquilidad y la holgura mundanas. Recibieron consuelo de Dios y con agradable anticipación contemplaron el premio y la recompensa futuros (Testimonios para la iglesia, t. l , p. 331).

[Dios] quiere obreros fieles y dedicados a la oración, que siembren junto a todas las aguas. Los que trabajen así se sorprenderán al ver cómo las pruebas, resueltamente soportadas en el nombre y con la fuerza de Jesús, darán firmeza a la fe y renovarán el valor. En la senda de la humilde obediencia hay seguridad y poder, consuelo y esperanza; pero los que no hagan nada por Jesús perderán finalmente su recompensa. Sus manos débiles no podrán aferrarse del Poderoso, sus rodillas vacilantes no podrán soportarlos en el día de la adversidad. Los que den estudios bíblicos y trabajen para Cristo recibirán el premio glorioso, y oirán el "bien, buen siervo y fiel; entra en el gozo de tu Señor". Mateo 25:23 (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 80)

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