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Al buen Maestro

 "Maestro bueno"


Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué he de hacer bien para tener la vida eterna?

Hoy día  muchos solemos hacer la misma  pregunta.

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Mateo 19:16 [RV60]

Si el joven hombre de este Evangelio usó este título al hablarle a nuestro Señor, ¡cuánto más apropiado es que yo me dirija así a Él! Sin dudas, Él es mi Maestro en ambos sentidos, un Maestro que gobierna y un Maestro que enseña. Yo me deleito en hacer sus diligencias y en sentarme a sus pies. Yo soy tanto su siervo como su discípulo, y tengo como mi más alto honor poseer ese doble carácter. Si El me preguntara por qué lo llamo "bueno", tendré lista mi respuesta. Es verdad que "nadie es bueno sino solo Dios" (Mar 10:18), pero Él es Dios y toda la bondad de la Deidad brilla en Él. En mi experiencia encontré que Él es bueno, tan bueno ciertamente que todo lo bueno que tengo viene a mí a través de Él. Él fue bueno conmigo cuando yo estaba muerto en pecado, pues me levantó por el poder de su Espíritu Santo. Ha sido bueno conmigo en todas mis necesidades, pruebas, luchas y aflicciones. Nunca podrá haber un Maestro mejor, pues su servicio es libertad, y su gobierno, amor. Desearía ser en una milésima parte tan buen siervo como Él es Maestro. Cuando El me enseña como mi rabino, es inenarrablemente bueno; su doctrina es divina, su actitud es condescendiente, su espíritu es la gentileza misma. No hay error en su instrucción, pura es la verdad de oro que El trae, y todas sus enseñanzas conducen a la bondad, tanto santificando como edificando a su discípulo. Los ángeles Io encuentran un buen Maestro y se deleitan en rendirle homenaje en el estrado de sus pies. Los santos que antecedieron probaron que Él es un buen Maestro, y cada uno de ellos se regocijó en cantar: "Yo, Señor, soy tu siervo" (Psa 116:16). Mi propio humilde testimonio debe, sin duda, tener el mismo efecto. Puedo dar este testimonio delante de mis amigos y de mis vecinos, pues posiblemente ellos puedan ser guiados por mi testimonio para buscar a mi Señor Jesús como su Maestro. ¡Oh, que ellos lo hagan! Nunca se arrepentirán de una decisión tan sabia. Si ellos tomaran ese yugo fácil, estarían en un servicio real y se sumarían a esas filas para siempre.
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Pero Dios en su infinito amor busca por todos los medios guardar su rebaño y que no pereszcamos por falta de conocimiento, y no quiere que sigamos así : Se han puesto a sembrar vientos y recogerán tempestades. se recoge aquello que se siembra. Hoy en día, es triste descubrir que estas palabras siguen siendo de gran actualidad para aquellos que piensan que basta con ir a culto o misa para agradar a Dios, mientras que en sus vidas ordinarias se dedican a sembrar odios, violencia e injusticias; aquellos que continúan construyendo ídolos que no pueden salvarlos;
gente ignorante que ha puesto su confianza en su poder y en otras tantas cosas que, en lugar de ayudarles a ser mejores y alcanzar la salvación, los alejan cada vez más de Dios.
Es tiempo, de regresar al Señor, de retomar su evangelio y buscar vivir conforme a éste, no sólo el domingo mientras estamos en culto , sino en todo momento. De esto puede depender nuestra vida eterna. por eso digamos Señor, no dejes que mi vida se convierta en un desperdicio ni en un sembrar vientos; por tu gracia y amor instrúyeme para sembrar, en mi vida y en mi entorno, la semilla de la eternidad, esa semilla que ni el polvo ni la polilla destuyen y te pido que la riegues con tu agua de vida, el Espíritu Santo.
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