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Entreguemos nuestro corazón al Señor

Entregale tu corazón a Dios.

Es casi increíble como muchas veces le entregamos nuestro corazón a otra persona.

En ocasiones sin conocerla, pero cuando Dios nos pide que confiemos en Él y le obedezcamos ponemos una y mil excusas.

Pasamos delante en la congregación, los líderes oran por nosotros y decimos: Señor Jesús, te acepto y te confieso como mi único Señor y Suficiente Salvador, pero nuestro corazón está a medias, no lo decimos con sinceridad.

Pasa el tiempo, nos seguimos congregando, recibimos la doctrina, pero, al llegar a la casa vuelven a aparecer cosas que debemos dejar.

Llegan pensamientos, salen actitudes y acciones que nos indican que no ha habido una entrega total.

El enemigo nos acusa, el Espíritu Santo nos confronta e insta a arrepentirnos y convertirnos de veras.

Racionalmente el creerle y entregarle todo a Dios es algo imposible de lograr, pero si lo decidimos con el alma, describimos que no es con nuestras propias fuerzas.

Si realmente le pedimos a Dios que nos cambie se cumplen estas palabras:

"Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.
Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu,
y haré que andéis en mis estatutos,
y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra".
Ezequiel 36:26-27.

"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas".
2 Corintios 5:17.

Independientemente de cómo te sientas en este momento, quiero que sepas que no hay mejor momento para entregarle tu corazón a Dios.

"Porque dice:
En tiempo aceptable te he oído,
Y en día de salvación te he socorrido.
He aquí ahora el tiempo aceptable;
he aquí ahora el día de salvación".
2 Corintios 6:2.

Sábado 20 de Marzo de 2021

Nadie habló jamás como este hombre (Jn 7, 40-53)

Tres Mensajes del Evangelio de Hoy.
  1. Discordia a causa de Jesús.
  2. Nadie jamás ha hablado como Jesús.
  3. Palabra sin Espíritu.
Compromiso: Pedir en el Rosario la gracia de estar abiertos al Espíritu.

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